domingo, 2 de septiembre de 2018

Siempre se produce el inevitable fogonazo mental, como si se pulsara un interruptor, ese momento de "a tomar por culo", cuando decides levantarte y asumir la situación. Ponerte en pie y salir al mundo. Sabiendo que va a doler. Que el día se va a hacer muy largo.

Me impulsan cien mil formas distintas de miedo. Miedo a que me critiquen, a quedarme sin tiempo, a no estar a la altura, a equivocarme, a que se me pase algo, a no poder concentrarme en otras cosas que vayan surgiendo, a defraudar a otros. Se trata de una angustia cambiante, indefinida y crónica, que, con independencia de lo que haga por mitigarla, puede adherirse con facilidad y rapidez a algo nuevo que todavía ni se me ha pasado por la cabeza.

Es espantoso e irónico saber que he pasado casi toda mi vida huyendo de las cosas que me acabaron salvando porque creía que me matarían.

Es lo que tienen la autolesiones: no solo te colocan, sino que también te permiten expresar el asco que te inspiran el mundo y tu persona, controlar el dolor, disfrutar del ritual, de las endorfinas, de esa violencia sórdida, bestial y ejercida contra uno mismo en privado, y no hacer daño a ninguna otra persona.

jueves, 3 de mayo de 2018

¿No serán todas las esperanzas de los hombres tan grotescas como éstas? Ya que, dada la índole del mundo, tenemos esperanzas en acontecimientos que, de producirse, sólo nos proporcionarían frustración y amargura; motivo por el cual los pesimistas se reclutan entre los ex esperanzados, puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. 

Como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión.

Ahora imagínese lo que es la realidad de los seres humanos, con sus complicaciones y recovecos, contradicciones y además cambiantes. Porque cambia a cada instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos, acaso, siempre los mimos sentimientos?

[...] el hombre que va a morir sólo puede defenderse con el recuerdo, tan angustiosamente incompleto, tan transparente y poco carnal, de aquel árbol o aquel arroyito de la infancia; que no sólo están separados por los abismos del tiempo sino por vastos océanos.

Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede. Lo que demostraba, a su juicio, la poca importancia de la razón, ya que no es razonable mantener esperanzas en este mundo en que vivimos. [...] Pero por suerte el hombre no es casi nunca un ser razonable, y por eso la esperanza renace una y otra vez en medio de las calamidades.

La soledad absoluta, la imposibilidad de distinguir los límites de la caverna en que me hallaba y la extensión de aquellas aguas que se me ocurría inmensa, el vapor o humo que me mareaba, todo aquello aumentaba mi ansiedad hasta un límite intolerable. Me creí solo en el mundo y atravesó mi espíritu, como un relámpago, la idea de que había descendido hasta sus orígenes. Me sentí grandioso e insignificante.

[...] porque el porvenir es incierto, y siempre terrible.

[...] ya que cuando enjuiciamos nuestra propia existencia inevitablemente ponemos en juicio a la humanidad entera. Aunque también podría decirse que cuando empezamos a juzgar a la humanidad entera es porque en realidad estamos escrutando el fondo de nuestra propia conciencia.

Porque todavía no había llegado el momento de comprender que que la costumbre es falaz y que nuestros pasos mecánicos no nos conducen siempre a la misma realidad; porque ignoraba todavía que la realidad es sorpresiva y, dada la naturaleza de los hombres, a la larga, trágica.

[...] encontraba que todo seguía un curso pacífico: los empleados iban a sus empleos, los comerciantes vendían, y hasta se podía ver gente sentada en los bancos de las plazas, sentada perezosamente y viendo desfilar las horas: iguales y monótonas. Una vez más, y no sería la última, me sentía un poco extraño en el mundo, como si hubiese despertado de pronto y desconociese sus leyes y su sentido.

Y pienso si no será siempre así, que el arte de nuestro tiempo, ese arte tenso y desgarrado, nazca invariablemente de nuestro desajuste, de nuestra ansiedad y de nuestro descontento. Una especie de intento de reconciliación con el universo de esa raza de frágiles, inquietas y anhelantes criaturas que son los seres humanos.

[...] era la expresión profunda y un poco triste del que anhela algo que sabe, por anticipado, que es imposible; un rostro ansioso pero ya de antemano desesperanzado, como si la ansiedad (es decir, la esperanza) y la desesperanza pudieran manifestarse a la vez. 

[...] del mismo modo que apenas despertamos ya parecen estar a inconmensurable distancia las imprecisas imágenes que nos conmovieron en el sueño o que nos aterrorizaron en las pesadillas.

Como si Alejandra hubiese sido nada más que uno de esos falsos oasis que prolongan la desesperada travesía en un desierto y cuyo desvanecimiento puede impulsar a la muerte, siendo que la causa última de la desaparición (y por lo tanto de la muerte) no es el falso oasis sino el desierto, implacable e infinito.

lunes, 13 de noviembre de 2017

"Porque él mismo creía estar vivo, se había hecho él solo, conocía sus fuerzas, su energía, hacía frene a la vida y era dueño de sí. Pero en el extraño vértigo de ese momento, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los años para vaciarse en ella y esperar el desmoronamiento final, se resquebrajaba rápidamente, se derrumbaba."

"Puede decirse que no envejeció. Se le ahorró ese sufrimiento, y es un sufrimiento largo."

"Lo miraba con un curioso aire indeciso, como si vacilara entre la fe que tenía en la inteligencia de su hijo y su certidumbre de que la vida entera era una desgracia contra la cual lo único que podía hacerse era aguantar."

"Había crecido, como todos los de su raza, en medio del peligro, y el peligro podía encogerle el estómago, pero ella lo soportaba como el resto."

"La miseria es una fortaleza sin puente levadizo."

"Y los que no han sido favorecidos por el destino no pueden dejar, en cierto modo, de creerse responsables y sienten que no se debe contribuir con pequeñas faltas a esa culpabilidad general..."

"[...] él sentía hoy que la vida, la juventud, los seres se le escapaban, sin poder salvar nada de ellos."