Una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan
Pero dado que habla de
algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se
convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven
más ligeros que una pluma, no dan miedo.
Cuanto más pesada sea la
carga, más a ras de suelo estará nuestra vida, más real y
verdadera será.
La ausencia absoluta de
carga hace que el hombre se vuelva más ligero [...] y sus
movimientos sean tan libres como insignificantes.
¿Qué valor puede tener
la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?
Si el hombre sólo puede
vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
Había pasado siete años
de su vida con Teresa y ahora comprobaba que aquellos años eran más
hermosos en el recuerdo que cuando los había vivido.
Aquel que permanentemente
quiere 'llegar más alto' tiene que contar con que algún día le
invadirá el vértigo.
El vértigo significa que
la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce,
despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos
espantados.
Había en ella un deseo
insuperable de caer. Vivía en un vértigo permanente.
Uno se percata de su
debilidad y no quiere luchar contra ella, sino entregarse. Está
borracho de su debilidad quiere ser aún más débil, quiere caer en
medio de la plaza, ante los ojos de todos, quiere estar abajo y aún
más abajo que abajo.
Pero cuanto mayor se
vuelve un hombre en su oscuridad interior, más disminuye en su
apariencia externa.
En cuanto hay alguien que
observe nuestra acción, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los
ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad.
Pero el mundo era tan feo
que nadie tenía ganas de levantarse de entre los muertos.
Cuando el polo norte se
aproxima al polo sur hasta llegar a tocarlo, la tierra desaparece y
el hombre se encuentra en un vacío que hace que la cabeza le dé
vueltas y se sienta atraído por la caída.
Volvieron a mirarlo y a
pensar que Karenin reía y que mientras riera seguiría teniendo un
motivo para vivir, aunque estuviera condenado a muerte.
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