jueves, 3 de septiembre de 2015

La insoportable levedad del ser

Una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan

Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo.

Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de suelo estará nuestra vida, más real y verdadera será.

La ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero [...] y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.

¿Qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?

Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.

Había pasado siete años de su vida con Teresa y ahora comprobaba que aquellos años eran más hermosos en el recuerdo que cuando los había vivido.

Aquel que permanentemente quiere 'llegar más alto' tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo.

El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

Había en ella un deseo insuperable de caer. Vivía en un vértigo permanente.

Uno se percata de su debilidad y no quiere luchar contra ella, sino entregarse. Está borracho de su debilidad quiere ser aún más débil, quiere caer en medio de la plaza, ante los ojos de todos, quiere estar abajo y aún más abajo que abajo.

Pero cuanto mayor se vuelve un hombre en su oscuridad interior, más disminuye en su apariencia externa.

En cuanto hay alguien que observe nuestra acción, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad.

Pero el mundo era tan feo que nadie tenía ganas de levantarse de entre los muertos.

Cuando el polo norte se aproxima al polo sur hasta llegar a tocarlo, la tierra desaparece y el hombre se encuentra en un vacío que hace que la cabeza le dé vueltas y se sienta atraído por la caída.


Volvieron a mirarlo y a pensar que Karenin reía y que mientras riera seguiría teniendo un motivo para vivir, aunque estuviera condenado a muerte.

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